Carlos Alberto Cremata, fundador de La Colmenita en La Habana, Cuba.Carlos Alberto Cremata, fundador de La Colmenita en La Habana, Cuba.El fundador del proyecto cubano Colmenita, Carlos Alberto Cremata, aseguró que los logros que se obtienen en El Salvador con los niños, ya son parte de los elencos colmeneros salvadoreños.

Tras meses de preparación, los más de 500 infantes realizarán por primera vez en la historia de la Colmenita, un Festival Nacional de Teatro Infantil. Como asegura Cremata, “ni en Cuba ha existido jamás un Festival Nacional de todas las Colmenitas de un país”, siendo nuestro terruño el primero en organizar un evento de esa importancia para los niños y familias salvadoreñas.

Desde su experiencia en la aplicación del programa la Colmenita, ¿cuáles serían los beneficios que El Salvador hereda implementándolo con los niños?

Tenemos muchas Colmenitas en Cuba y en varias provincias cubanas. En la capital hay 12 Colmenitas y varias en el mundo, en varios países. Hay 21 Colmenitas en Venezuela, seis en Buenos Aires, pero ni en Cuba, es una noticia que quiero darles, ni en Cuba ha existido jamás un Festival Nacional de todas las Colmenitas de un país, ni en nuestra propia tierra, y esto es algo que nos regala El Salvador a nuestra experiencia colmenera.

El Salvador nos regala esta posibilidad gracias al apoyo extraordinario del presidente (Salvador Sánchez Cerén) a la cultura salvadoreña. Que puedan reunir en un festival, muy bien organizado, 14 Colmenitas de varios departamentos del país y con varias puestas en escena, eso realmente marca una pauta para nosotros, nos da una lección de algo que vamos a hacer a partir de la experiencia vuestra, ustedes que nos van a dar todo para la organización.

Yo creo que el objetivo de la Colmenita siempre fue unir niños y familia a través del arte. Ya lo hemos hecho en Cuba y en otros países. En el caso de El Salvador, nosotros compartimos con ustedes canciones que le pertenecen a todos los niños. Son las canciones del imaginario infantil, sobre todo latinoamericanas e iberoamericanas. Compartimos cuentos infantiles, alegría, optimismo, cultura.

Yo estaba viendo los videos de los ensayos y es exactamente lo que hacemos en Cuba, es exactamente lo que yo creo que les pertenece y lo merecen todos los niños del mundo, sobre todo los nuestros de países humildes, con escasos recursos. A veces no tenemos los recursos pero sí tenemos la alegría de vivir, la necesidad de contarnos historias, compartir poesía, canciones y eso es lo que está pasando en El Salvador. Nosotros solamente queremos compartir con el niño salvadoreño una forma de ser que haya tenido algún resultado, un camino andado y se está haciendo de una forma ejemplar, lo puedo decir como fundador del proyecto.

Desde su punto de vista, ¿cómo la Colmenita viene a aportarle a la cultura de un país como el nuestro?

Yo he observado que en El Salvador no existe esa riqueza de cultura infantil. Nos pasa en nuestros países que muchas veces los niños consumen la música de los adultos que las propias; les arrebatamos su derecho de crecer con su música, con sus canciones y, en el caso es especifico de un país con ese nivel de violencia, lo que realmente puede salvar, en primer lugar, es la cultura. Cuando hay cultura desde la infancia, yo estoy convencido a que puede ayudar muchísimo a que eso disminuya en los caminos del aprendizaje y de la enseñanza. En resumen, desde la cultura es realmente que se puede empezar a pensar en salir de esos niveles de violencia.

¿Qué cambios se pueden esperar en un niño que participa en el programa de La Colmenita y que se les imparten estrategias de convivencia y participación?

Nosotros apostamos a cambios extraordinarios. Nosotros tenemos en Cuba cambios extraordinarios en niños autistas, discapacitados físico-motores, en sordos hipoacúsicos, ciegos y débiles visuales. Los cambios son tremendos en los infantes.

Tenemos, en la misma Colmenita, una de las niñas principales del proyecto central de Cuba, que es una niña con síndrome de Down, que empezó como muchos otros con síndrome, pero ella de quien le hablo, que se llama María Carla Sánchez, empezó con un nivel de la enfermedad muy fuerte y actualmente es una de las niñas principales que hace texto en los espectáculos.

Tenemos una niña magistral que era autista, muy dañada, y actualmente es la que maneja el idioma inglés y es la que lo traduce todo. Es la principal actriz en las obras bilingües.

¿Y qué opinión merece que en El Salvador se esté pensando crear 50 Colmenitas? Imagínese cuando en el 2019 estén formadas y se haga un festival aún más grande.

Colmenita es el nombre de proyectos que tenemos que hacer, como hace el presidente Sánchez Cerén, hacer lo imposible por llenar a toda la infancia de proyectos culturales que realmente le pertenezcan a los niños. Eso es lo que hay que hacer exactamente para que el niño no crezca solamente en contacto con la violencia o con lo que hemos hecho del mundo los adultos, que no es un paradigma ni un ejemplo para el crecimiento de la infancia.

Hay que llenarlo de cultura, ternura, de aprendizaje, amor, cuentos, canciones, paz y convivencia. Ese es el camino. Lo reconoce todo el mundo pero no hay solo que reconocerlo, hay que hacer acciones concretas. Esta vez se llama Colmenitas, estoy seguro que son semillitas que luego se van a llamar como se llaman ustedes, Coro Presidencial del Buen Vivir, en El Mozote. Eso existía en El Salvador. Nosotros traemos otra herramienta para compartirla y nos llevamos la herramienta de cómo organizar un Festival Nacional de Colmenitas. Eso lleva una logística muy seria. Nosotros nunca lo habíamos intentado. Ustedes lo han hecho y eso es un ejemplo para nosotros.

En su opinión, ¿Cómo beneficia este programa a la población salvadoreña?

Me siento muy orgulloso. Llegué a la aduana, me bajé, aterricé en el aeropuerto y la persona de la aduana me dijo: “Y usted ¿a qué viene?”,  y yo le dije “A un festival aquí en El Salvador”, y me decía: ¿Pero de qué banda de música?  Y yo le decía: no, de una cosa que se llama la Colmenita. Al de la aduana se le iluminó la cara y dijo “¡Colmenita!, sí lo conozco”.

Para mí, que soy el fundador de algo que pensé para veinte niños en el año 1990, en La Habana —un grupito de 20 niños que se ha ido multiplicando como los panales de abeja, en el mundo animal. ¿Qué son las abejas? Exactamente eso, son los campos de seres diminutos que le dan miel a la vida, que le aportan polen—, para mí es muy hermoso. Lo que da es evidente, da posibilidad de compartir la cultura, la infancia en paz, en amor, canción, melodía, danza.

¿Cuáles serían sus recomendaciones para los padres y los niños que están dentro del programa?

Para las familias, que hagan como las abejitas: que sigan multiplicando esa posibilidad de convivir sin violencia, de convivir en canción. Si eso se hace como ha pasado en Cuba y en otros países, va a ser más difícil aportar seres humanos-abejitas a ese mundo horrible de la violencia.

Es vivir ocupado en el amor, eso es todo.


 

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