La democracia en nuestro país se abrió paso con la firma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992. El sistema electoral era, en la agenda de negociación, uno de los seis puntos sobre los cuales debían alcanzarse acuerdos, pues se reconocía que los fraudes electorales y el irrespeto a la voluntad política de la ciudadanía era uno de los detonantes del conflicto que duró 12 años.

Los Acuerdos de Paz se alcanzaron en un largo proceso de diálogo y negociación, primero, con la mediación de la Iglesia Católica salvadoreña, y luego con la mediación de las Naciones Unidas, a través de representantes y de su secretario general, respaldo al proceso que abarcó hasta la verificación de su cumplimiento.

Las reformas a la Constitución debieron cumplirse antes de la firma de los Acuerdos, pues en el proceso se visualizó que el FMLN debía convertirse en partido político y tener la certeza de una nueva institucionalidad, de la cual debía formar parte una nueva entidad electoral.

Las nuevas generaciones deben conocer que en materia de elecciones, los partidos políticos, si bien existían antes de 1992, eran irrelevantes para ser parte del gobierno, pues privaba una dictadura maquillada con procesos electorales fraudulentos; solo en la medida que el pueblo entendió la burla a su voluntad dejó de confiar en ellos y en la institución que las consagraba.

Fue así como con los Acuerdos tomados en relación con la reforma a la Constitución que se realiza como parte de los mismos, pero antes de la firma de los mismos el 16 de enero se crea una nueva institucionalidad electoral: un Tribunal Supremo Electoral que sustituye a lo que fue un Consejo Central de Elecciones; se establecen nuevos roles a los partidos políticos, dentro de los cuales están proponer a 3 magistrados propietarios y sus suplentes para conformar el TSE; el derecho a la vigilancia en la conformación del Registro Electoral y de los procesos electorales; y a la deuda política con fines de garantizar su independencia.

También, de los Acuerdos surge la creación de un Registro Único de las y los ciudadanos como base del Registro Electoral.

Ahora, al cumplirse 27 años de la firma de aquel histórico acuerdo, transformador de nuestra nación, estamos a las puertas del sexto periodo de elecciones presidenciales. En tal sentido, en todas las elecciones transcurridas hasta la fecha, ha sido necesario e importante poner atención a algo que va más allá de las instituciones, y es la formación de una cultura de respeto a la competencia, a la voluntad ciudadana y a las normas jurídicas. Vencer resabios conductuales propios de la dictadura ha sido y es una lucha permanente.

Producto de lo anterior, uno de los acuerdos tomados era el de facilitar un proceso ágil para formar un nuevo partido: el FMLN. Fue el FMLN el partido por el que la derecha se retorció y resistió, en el primer TSE, para aceptar, paso a paso, el cumplimiento de los requisitos que le dieron vida, siendo así que a un año de conformado el Frente, este fue a las elecciones y alcanzó el segundo lugar en las preferencias electorales.

Ahora el FMLN, su fórmula presidencial, Hugo Martínez y Karina Sosa, participan en busca del tercer gobierno del FMLN, su compromiso es defender los logros alcanzados, el hacer cambios a través de una forma renovada de gobernar, cada vez con mayor participación ciudadana y ampliando el alcance de los derechos sociales y de la justicia social que empuja al FMLN desde antes de haberse conformado como partido político.

Por eso, Karina afirma que el FMLN no nació producto de una recolección de firmas, sino que fue producto de la lucha con el pueblo por sus derechos, su derecho a ser libre, a que se le respete su soberanía, a reconocer los derechos de cada segmento de la sociedad.

Hugo ha recordado a nuestra militancia, simpatizantes, amigos y aliados, que el FMLN es un sujeto de cambio, que cada vez que parecía que algo le sería imposible, lo hizo posible; ese es el mismo reto que junto al pueblo asumimos ahora cuando vamos nuevamente a las urnas en las que se juega el destino de nuestra nación.

Todos los luchadores que hicieron posible la acumulación histórica que el FMLN representa merecen un reconocimiento de las generaciones presentes, y la mejor forma de honrar la memoria de los que dejaron su vida por la libertad de El Salvador es asegurar una nueva victoria, seguir avanzando en los cambios efectuados, con la participación del FMLN en los distintos espacios de la vida nacional, especialmente los alcanzados.

La madurez democrática de nuestra sociedad es el logro cualitativo de aquel acuerdo alcanzado hace 27 años, y el cual debemos defender; es la paz imperfecta en la que los salvadoreños debemos luchar por un país mejor. Así, vaya un saludo a Schafik Hándal, a quien, habiendo encabezado la negociación, le estaremos por siempre agradecidos.


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