Cuando se aprobó el aumento del salario mínimo, en diciembre de 2016, los voceros de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) hicieron cinco vaticinios que resultaron errados, pues la economía salvadoreña sigue estable y creciendo.

El primer vaticinio de la ANEP fue que la inflación se dispararía. No resultó así. La inflación de 2017 fue de apenas 2.04% y entre enero y marzo de 2018 fue de 0.1%. El valor de la canasta básica urbana a febrero de 2018 es un dólar con 8 centavos menor al de diciembre de 2016 y el de la canasta rural apenas creció en 3 centavos.

El gobierno y los sindicatos dijeron que el aumento salarial no provocaría una alta inflación porque los costos de producción no se alterarían mucho, ya que los salarios son un componente pequeño de ellos, y porque no se rompería el equilibrio monetario. Los hechos le dieron la razón.

El segundo vaticinio fue que la inversión privada nacional se desplomaría. No fue así, pues en 2017 aumentó en 8% el crédito de los bancos a las empresas y en 2% la importación de bienes de capital. El gobierno y los sindicatos aseguraron que el aumento salarial elevaría el consumo de la población, así como las ventas, las ganancias y la inversión de las empresas.

Y eso fue lo que ocurrió. El nuevo sistema de cuentas nacionales elaborado por el BCR revela que la ganancia de las empresas creció en 327 millones en 2017, sin incluir la ganancia de empresas informales, que aparecen mezcladas con los salarios en el Ingreso Mixto Bruto, el cual creció en 158 millones en 2017.

El tercer vaticinio fue que muchas empresas se irán del país y la inversión extranjera disminuiría. Resultó al revés, pues la inversión extranjera neta, que en 2016 había sido de 374 millones, para 2017 ascendió a 792 millones.

El BCR también reportó para 2017 una disminución en la salida de capitales. A la ANEP se le explicó que la inversión extranjera no busca principalmente bajos salarios (leyenda vieja) y que si así fuera, los salarios mínimos de El Salvador seguirían por debajo de los que se pagan en Costa Rica, Honduras y Guatemala. Pero los directivos de la ANEP mantuvieron sus malos augurios.

El cuarto vaticinio fue que al disminuir la inversión caerían el PIB y el empleo. Eso no sucedió, pues en 2017 la economía creció 2.3% y se crearon 7,451 nuevos empleos en el sector privado. El Ministro de Hacienda acaba de informar que para 2018 la economía podría crecer entre 2.4% y 2.6%.

El quinto mal vaticinio fue que muchas empresas exportadoras quebrarían. PROCAÑA, un gremio de la ANEP, pronosticó durante un evento en un hotel que la producción de caña disminuiría. Algo parecido dijeron algunos cafetaleros vinculados a la ANEP.

¿Qué sucedió? Que las exportaciones de bienes crecieron 6% en 2017; las de azúcar aumentaron 49%, las de café 10%, las que van a Centroamérica 5.5% y las que las van fuera de Centroamérica 7.7%. PROCAÑA reconoció que el cultivo de caña creció 15% y el MAG reportó un aumento de 8% en la producción de café. Entre enero y febrero de 2018 las exportaciones de bienes aumentaron 12.7%; las de maquilas se expandieron 25%.

Catorce meses después del aumento del salario mínimo, la ANEP no opina sobre esos resultados y sigue criticando al gobierno y al sector sindical por tomar esa decisión.

 


 

 

 

 

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