Los penitentes siguen desandando la calle de La Amargura en El Salvador, descalzos y con los ojos vendados, en una suerte de Via Crucis voluntario hasta la iglesia El Calvario.
 
 

 
 Son aquellos que no pudieron pagar sus promesas el Jueves Santo y ahora cumplen religiosamente con una tradición que tiene ya tres siglos de antigüedad, y diversas maneras de realizarla en este país.
 
Guiados por familiares o amigos, todos avanzan en silencio, y algunos de rodillas sobre cartones que van depositando sus acompañantes, para cubrir las 11 cuadras desde las ruinas de San Esteban hasta El Calvario.
 
En el templo se postran ante una imagen del Jesús Cautivo, vestido de blanco y con los ojos vendados, encerrado en una celda improvisada con barrotes de bambú o madera, para completar esta muestra de fe y devoción.
 
La liturgia conmemora la última cena de Jesús con sus discípulos antes su captura por los legionarios romanos, por eso en los templos las imágenes son cubiertas de mantos dorados y son erigidos monumentos alegóricos.
 
Por eso anoche la calle de La Amargura estuvo llena de gente que acudió a las iglesias El Calvario, La Merced y la desaparecida San Esteban, para contemplar los altares decorados con flores, cirios e imágenes de ángeles.
 
Además, los sacerdotes realizaron el tradicional lavatorio de los pies como acto de humildad, y en la noche tuvo lugar la procesión del Silencio, que lleva en andas una imagen del Cristo encadenado, herido y con cara de sufrimiento.
 
Antaño, en esta procesión solo participaban hombres que acompañaban el anda de Jesús hasta la parroquia San Esteban, en silencio, al son de unas matracas, y las mujeres se limitaban a observar.
 
Ahora hombres y mujeres pueden cargar el anda y recorren el tramo con velas encendidas, con las tradicionales matracas, pero entre oraciones y cantos de cuaresma, mientras el olor a incienso enrarece la noche.
 
Cada territorio tiene su peculiar manera de celebrar la fecha; en Ataco hacen la llamada procesión de La Cruz, en la que la Hermandad de los Descendedores recorre el pueblo con un pesado madero a cuestas, hasta la parroquia local.
 
A su vez, 13 cofradías religiosas de Izalco cargan con sus respectivos Cristos en una procesión que dura 16 horas: 50 cofrades se turnan para cargar una imagen del Nazareno hasta la ermita local, caminando sobre alfombras de serrín.