Testigos relataron que la víctima recibió una granada de dispersión en la pantorrilla y cuando quiso golpearla con su mano para que no explotara en su pierna, estalló.


Este sábado los chalecos amarillos volvieron a tomarse las calles parisinas y de otras ciudades de Francia, en la décimo tercera gran marcha del movimiento, que continúa enarbolando una demanda generalizada contra la política neoliberal de Emmanuel Macron. 

En medio de la represión capitalina, un participante perdió una de sus manos luego de estallarle una bomba lacrimógena lanzada por la policía francesa.

"Cuando los policías quisieron dispersar a la gente (la víctima), recibió una granada de dispersión en la pantorrilla, quiso darle un golpe con la mano para que no explotara en su pierna, pero cuando la tocó estalló (...), gritaba de dolor, ya no tenía ningún dedo, no quedaba casi nada encima de la muñeca”, contó uno de los testigos, Cyprien Royer.

El recorrido de la marcha de este sábado se inició en los alrededores de la Asamblea Nacional, teniendo como destino al Senado; incluyó el paso por el Arco del Triunfo y el ministerio de Asuntos Exteriores.

A más de tres meses de la primera de las concentraciones, los activistas se han hecho un lugar en la historia: son conocidos en todo el mundo y su movimiento promete los inicios de una gran organización que, con certeza, podría terminar en un partido político popular. 

Su ejemplo y el sello de "chalecos amarillos" han sido replicado por otras sociedades en Europa, que han tomado esa bandera para luchar por la salida de los Gobiernos derechistas de la región e imponer una agenda social y ciudadana. 


 

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