El momento que vive nuestro continente latinoamericano y el Caribe es de cambio, es de lucha en defensa de la dignidad y soberanía de los pueblos; es de resistencia ante las agresiones simuladas o descaradas; ante las conductas patronales, imperiales, de dominación y sometimiento que se pretenden imponer y se presentan como “ inevitables”. ¿De qué lado estar? Pues del lado de lo correcto, del lado de nuestro derecho a la autodeterminación.

Vive en tensión la comunidad latina y emigrante radicada en EEUU, con temor al trato discriminatorio, y a las amenazas de expulsión; viven en tensión los mexicanos, no sólo por la amenaza de construir un muro, sino por la amenaza de expulsar hacia su territorio a todo inmigrante del sur, con lo cual se crearía una crisis humanitaria en ese país hermano. Hay tensión en las familias de los inmigrantes.

Hay sobrada tensión política, por la ola contrarrevolucionaria en todos los países  de signo progresista, ante una arremetida de las oligarquías, de las fuerzas de derecha y sus instrumentos de comunicación masiva, que buscan desesperadas, restablecer su dominio perdido o disminuido.

Esta situación obliga a ver los procesos con sentido de proceso, y a situarse conforme  a los valores, la visión de cada persona, de cada gobierno y de sus entidades regionales o subregionales. Dentro y fuera, ante propios y extraños, ante amigos y ante los no tan amigos, tenemos el deber de tomar una postura digna de todo ser humano, ciudadana o ciudadano de este mundo hoy.

En este contexto, la postura de nuestro gobierno en la OEA, en el que el Secretario General de esa organización ha actuado ignorando principios, y siguiendo patrones intervencionistas en contra de la República  Bolivariana de Venezuela, es digna de reconocimiento, es una postura de altura, de dignidad. Corresponde a una política exterior que respeta el derecho de los pueblos a su autodeterminación, y a la coherencia con la visión de un pueblo que ha luchado sin creer que las fuerzas brutales son “invencibles” o de que no haya otro camino que “obedecer mandatos imperiales”; si eso creyéramos los salvadoreños, no hubiéramos ganado La Paz.

En nuestro continente, y contra gobiernos elegidos conforme a reglas democráticas y conforme con sus Constituciones, se han  realizado  recientes brutales agresiones de este tipo. Golpe de Estado contra el Presidente Zelaya en Honduras, golpe de Estado contra el Presidente Lugo en Paraguay, Golpe de Estado contra la Presidenta Rousseff en Brasil, son ejemplo de ello.

Se han hecho intentos golpistas contra Evo Morales en Bolivia, contra Rafael Correa en Ecuador, así como el golpe fracasado por la resistencia popular contra Hugo Chávez, en Venezuela.

Con las herramientas mediáticas y acciones conspirativas se intentó culpar de asesinato al ex Presidente Colom en Guatemala y a la ex presidenta Kirchner, de Argentina. Estas y tantas otras agresiones, siempre precedidas de campañas mediáticas; acciones judiciales de las Cortes Supremas de Justicia y hasta de los parlamentos, forman parte de la misma corriente de agresión a la soberanía de nuestros pueblos, todas con la misma finalidad: asegurar o facilitar el retorno de gobiernos de derecha, y con ello, la tolerancia a la explotación de recursos naturales y de alineamiento político con intereses ajenos a nuestros pueblos.

Si no vemos estos procesos en su perspectiva histórica, si no sabemos valorar los logros para nuestros pueblos, que produce la lucha popular y el ciclo de gobiernos progresistas, todos, sin excepción, decididos por los pueblos, mediante el voto, con facilidad podemos dejar caer dichos logros y avances, en las matrices de opinión, fabricadas expresamente como ejes de la contra ofensiva neoliberal.

Se requiere firmeza en una hora como la que vivimos, se requiere dignidad, se requiere valentía política, se requiere creer en ideas y ser capaces de ser leales a ellas, por sobre las “supuestas conveniencias coyunturales”.

El Embajador de El Salvador ante la OEA, al votar por mantener el acuerdo de facilitar y apoyar el diálogo entre los venezolanos, para resolver cualquier diferencia entre poderes constitucionalmente conformados, expresa la postura de un gobierno digno como el que preside el compañero Salvador Sánchez Cerén.

Podemos tener necesidades materiales, y en consecuencia de recursos financieros; podemos estar claros que quienes gritan y amenazan a nuestro gobierno son un poder en el mundo, lo supimos siempre cuando fuerzas externas invertían millones cada día en una maquinaria de muerte, y hoy, como ayer, la dignidad y el creer que es mejor estar del lado correcto, de lo justo, da la fortaleza para saber diferenciar la amistad del sometimiento, la cooperación del chantaje.

Alí Primera tenía razón: “  El pueblo salvadoreño tiene el cielo por sombrero, tan alta es su dignidad en la búsqueda del tiempo en que florezca la tierra por los que  han ido cayendo….”…”no hay pájaro pequeño que después de alzar el vuelo, se detenga en su volar”.


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